Encrucijada de culturas

Panamá es una tierra de tránsito, un eterno cruce de caminos, un punto de encuentros y despedidas. En este pequeño territorio coexiste una  multiplicidad cultural que lo hace único en la región, una diversidad que muda constantemente y se revitaliza con la incesante presencia de visitantes de todas partes del mundo. El origen de esta singular mezcla cultural es sin duda la característica de encrucijada que, desde siempre, ha tenido el país. A ello contribuye también la conexión intensa de Panamá con el mar, que la hace más parecida a una isla del Caribe, que a un istmo centroAméricano. La cultura es particularmente rica, pues aunque proviene de orígenes y tradiciones muy diversas, ha sido estimulada por el ambiente de tolerancia y armonía que siempre ha imperado en el territorio.

El acervo cultural del panameño es un entramado que inicia con el remoto pasado indígena, que luego se entrelaza con el aporte de la colonia hispana, y se acrecienta con la contribución de las distintas oleadas de inmigrantes que se fueron traslapando en el tiempo, incluyendo africanos, chinos, árabes, judíos, hindúes, norteamericanos.

En el interior del país las expresiones culturales y folclóricas son tal vez más puras, más tradicionales; pero también muy diversas, vistosas y provocativas. En términos generales, las más grandes celebraciones están relacionadas con la religión, especialmente con los santos, a los que se les nombra como patronos de los pueblos. Pero en todo el territorio se vive con igual intensidad, desde la Semana Mayor o Semana Santa, hasta el carnaval, fiesta también relacionada con las creencias religiosas. El Carnaval de Panamá es una celebración popular colectiva, que abarca cuatro días de jolgorio que preceden al tiempo de Cuaresma, y es muy concurrido.